10/11/2006
GIGAMESH, 256 páginas, 15x22cms, tapa blanda.Materia: Literatura en lengua inglesa. Novela y cuento., fecha publicación: 04/1999 ISBN: 8493066303 Autor: Greg Egan Novela ganadora del premio Ditmar Una novela policiaca... cuántica. La fiebre de la burbuja ha provocado revueltas e inspirado nuevas religiones desde que el 15 de noviembre del 2034 un escudo impenetrable encerró al Sistema Solar. Treinta y tres años después, un detective privado investiga la desaparición de una niña en una institución mental; tras eliminar todas las posibilidades, sólo queda lo imposible: salió atravesando las paredes, como en un fenómeno de efecto túnel. Cuarentena es una de las escasísimas novelas que han sabido dar forma de ficción a la teoría cuántica . Greg Egan ofrece en ella una visión fascinante del impacto de las nuevas tecnologías, al mismo tiempo que desarrolla una trama salpicada con algunas de las especulaciones más sugerentes que ha dado la ciencia ficción. "Es una novela incisiva, eficaz y científicamente sólida. Explora las premisas más provocativas de la mecánica cuántica con una mentalidad abierta e inteligente." Paul J. McAuley, Interzone Quince de noviembre del 2034: las estrellas se apagaron... Nick Stavrianos abandonó el cuerpo de policía tras el asesinato de su esposa a manos de los Niños del Abismo, la secta más violenta surgida después del Día de la Burbuja, cuando el Sistema Solar resultó aislado por una esfera de origen y propósitos desconocidos. Muchos años después, mientras trabaja como detective privado, la pista de una niña desaparecida en circunstancias extrañas lo conduce a la ciudad de Nueva Hong Kong, en el norte de Australia. Allí encuentra los primeros indicios de las actividades de una asociación llamada el Conjunto, cuyas maquinaciones pueden hacer peligrar la mismísima estructura de la realidad. Cuarentena empieza como una novela de investigación policiaca, pero con una diferencia: Nick Stavrianos es un hombre de su tiempo, acostumbrado al uso de la tecnología de microimplantes más avanzada para todo tipo de propósitos. Su investigación pasa a ser además un viaje a la esencia de la realidad, durante el cual se pone de manifiesto la naturaleza cuántica del universo. Cuarentena transmite desde sus páginas el desafío y la frescura de las grandes novelas del género que han sido capaces de anticipar el shock del futuro; la sensación de vértigo producida por una revolución continua de intensidad cada vez más acuciante. Un tour-de-force que se adentra en territorios inexplorados del género. EL AUTOR Greg Egan, nació en 1961 en Perth, Australia. Se graduó en matemáticas por la Universidad del Oeste de Australia, y se dedica tanto a la escritura como a la programación. Inicia su carrera de escritor con el libro An Unusual Angle en 1983, y algo después empieza a publicar en la revista inglesa Interzone, siendo aclamado de inmediato por su carácter innovador: en tres ocasiones sus relatos han sido elegidos como los mejores del año por los lectores de esta revista. Ha ganado también el premio Ditmar (a la mejor novela publicada en Australia) en dos ocasiones, y el John W. Campbell Memorial. Su relato "Polvo" ganó el premio Gigamesh en 1998. La obra de Egan destaca por su examen del impacto de las nuevas tecnologías en el hombre, y el autor explora en ella las consecuencias éticas que puede llegar a tener sobre nuestro comportamiento. Al mismo tiempo, plantea asombrosas especulaciones acerca del desarrollo de la propia tecnología. Todo ello da forma a algunas de las narraciones metafísicas más notables que ha dado la ciencia ficción. PRESENTACIÓN Bruce Sterling dijo una vez que los poetas eran los legisladores no reconocidos del mundo, y que los escritores de ciencia ficción eran los bufones de su corte. El australiano Greg Egan, como bufón, es uno de los más cautivadores que ha dado la ciencia ficción en la década que termina. Egan empezó a ganarse la reputación que hoy ostenta ya desde sus primeros cuentos publicados en la revista británica Interzone y en varias antologías y revistas australianas. Con posterioridad vendrían las apariciones en la revista americana Asimov’s Science Fiction Magazine, que acabarían afianzando su carrera y preparándolo para dar el salto a la distancia larga. Cuando la crítica habla de la obra de Egan, se sacan a colación varios nombres recurrentes entre los que destacan Stanislaw Lem y Philip K. Dick. La huella de estos dos escritores es apreciable en ciertos enfoques y temas utilizados por el autor de Perth, aunque éste destila un distanciamiento -con el que pone casi en entredicho la propia condición humana- que lo aparta de los tratamientos esgrimidos por el polaco y el californiano. Pero comparte con ellos la preocupación por los temas metafísicos, que desarrolla de forma claramente recursiva a lo largo de su obra. Gracias a una suerte de repetición más propia de la música tecno que de la escritura, el autor despliega una panorámica de estados de ánimo, de estados del ser humano, rica en matices sutilmente diversos, agridulces y enriquecedores. Egan pasó la mayor parte de 1990 escribiendo la presente novela, Cuarentena. Era su primera novela de ciencia ficción y su segundo libro publicado (tras An Unsual Angle, una novela de juventud escrita a los 17 años y publicada seis años más tarde, en 1983, por la editorial australiana Norstrilia Press). Constituye la primera entrega de lo que su autor denominaría después el Ciclo de la Cosmología Subjetiva, que se completa con Ciudad permutación y El Instante Aleph. En ella, a partir de los postulados sobre mesurabilidad de la mecánica cuántica, Egan desarrolla una intrincada trama en la que un peculiar y metódico investigador privado sigue la pista de una joven desaparecida de un instituto psiquiátrico. La novela contiene muchos de los rasgos que caracterizan al autor: personajes racionalistas hasta extremos enfermizos y/o empáticamente distantes; la presencia de tecnologías increíbles y sus truculentas aplicaciones; situaciones tan extrañas como lógicamente consistentes; puntos de vista perturbadores; secundarios impagables; e ideas que podrían ser paladeadas sólo por el propio vértigo que producen. Hoy, en 1999 y con cuatro novelas del género a su cargo, Egan goza de un amplio reconocimiento y es sin lugar a dudas el artífice de alguno de los capítulos más destacados de la ciencia ficción contemporánea. No es, sin embargo, un autor muy popular entre el público norteamericano; aunque ha sido nominado varias veces a los premios más emblemáticos del género (Hugo y Nebula), nunca ha obtenido ninguno de ellos. Sí ha merecido, en cambio, el John W. Campbell Memorial, concedido por jurado, y el premio Ditmar en Australia en dos ocasiones. Egan hace gala de un estilo sencillo, directo y fácilmente asimilable, pero no está interesado en ofrecer narraciones reconfortantes, ni escribe el tipo de ciencia ficción diseñada para ratificar creencias caducas o afianzar nuestra visión del mundo. No ofrece placebos, sino auténticas medicinas. Medicinas que saben mal, que tienen efectos secundarios y que, si uno no está terminalmente enfermo, pueden llegar a curar. Desde sus primeros e ingenuos esfuerzos, hasta sus relatos más escrupulosamente dañinos, Greg Egan salpica sus historias con toques de desesperación, atmósferas de incertidumbre y latidos de desasosiego que, hurgando en la llagas del ser humano, logran aproximarnos a él y brindarnos una especie de aliento irónico. »Somos patéticos, ¿y qué?«, parece preguntarse una y otra vez. Y eso es precísamente lo que ofrece Cuarentena: un modo de hacer ciencia ficción que analiza los temas abordados hasta sus límites epistemológicos; personajes no necesariamente diseñados para que nos identifiquemos con ellos; una literatura para mentes inquietas, que derriba mitos e intenta, desde el disfraz de un género, acercarse a la razón última de las cosas. Póngase pues cómodo y deje que este payaso sabio juegue con su cerebro; déjese deslumbrar por sus piruetas de saltimbanqui. Pero tenga cuidado, porque cuando lo vea alejarse, le habrá invadido una profunda sensación de extrañeza; pero no será el mundo el que haya cambiado, sino sus ojos. Carlos Pavón |
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